Originalmente, Dubrovnik era un islote fortificado por los latinos autóctonos. Un brazo de mar separa dicho islote de un segundo núcleo, eslavo y antagonista. Navegación y comercio son sus principales actividades.
En la cumbre de su prosperidad, Dubrovnik es víctima de un terremoto (1667), pero recuperará lo esencial de sus estructuras urbanas de origen. A principios del siglo XIX, con la ocupación de las tropas de Napoleón, pierde su independencia.
"Dubrovnik ilustra el deseo de crear [...] un paisaje urbano concebido a manera de una obra de arte. Ciudad-museo, Dubrovnik conserva, al lado de monumentos construidos por los más grandes arquitectos [...], una gran cantidad de casas de una evidente calidad arquitectónica [...]. Esta homogeneidad en la calidad de los edificios" no tiene equivalente en otras partes (I). " La ciudad aporta un testimonio único, [...] sobre la civilización de la República de Ragusa" (III). Las fortificaciones "representan [...] un notable esfuerzo de adaptación [del recinto urbano medieval] a los progresos de la artillería. [...] constituyen una de las grandes referencias de la historia de las fortificaciones en el siglo XV" (IV).

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